one who
(tribuna universitaria, 24sep07)
tengo veintiséis años y las ganas llenas de películas en las que se encuentran una chica como tú un chico como yo un sitio como este, las conoces, ese tipo de películas en las que la chica como tú el chico como yo el sitio como este se convierten a la felicidad y guapos y nuevos se dirigen hacia el final del muelle dando la espalda a la cámara de gas; tengo veintiséis años, sabes, un coche, una máquina de escribir, aún los dos brazos, los dos padres y ninguna cicatriz que merezca la pena de muerte, aún los dos brazos, uno para la máquina, otro para el coche, para ti ya sabes lo que queda que queda por ver si puede asfixiarte el dolor de la nuca o te escurrirá el estómago en lágrimas: siempre fui bastante malo a la hora de calcular los daños. A pesar de ello, del daño y también de las tormentas que pasean por mis muñecas, a pesar de ello nunca me salgo de la línea cuando conduzco, y me gusta levantarme temprano los domingos, ya ves, y me gusta rodar películas hacer rodar películas sobre tu estómago en ciernes que aciertes mi color preferido antes de decir the end y me beses después, me gusta que se pare el tiempo que se pare el viento que se lleva el tiempo que nos miren los autoestopistas mientras hacemos en plural un corte de mangas por la ventanilla bajada
tengo veintiséis años. a los veinticinco decidí olvidar todo lo que había aprendido y concursar en la vida a cara o muerte, así que cuando se pare el cuento en un punto y el punto sea el punto final compraré un arma y comenzaré por orden alfabético. Cuando nos quememos en dos mitades porque el cielo se haya abierto como las heridas más antiguas
por eso mientras te vistes sigues riendo a cuerpo descubierto mientras te ríes mientras te cuento mientras te desvisto de nuevo te cuento que hoy tengo que entregar la columna, el beso junto al cuello, que hoy tengo que entregar y que la directora me ha pedido algo personal, el beso por la espina dorsal, un texto de presentación y yo aquí, dejándome todas las ideas entre tu ombligo, mis pantalones y este trampolín que construimos tras las sábanas para saltar al invierno
Escrito por el_hombre_que a las 19:46
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